Hay pocos momentos tan silenciosos y desgarradores como despedirse de tu gato. La conciencia de que pronto llegarás a casa y la casa se siente más vacía. Ese lugar fijo en el sofá queda vacío. Ese sonido suave en la casa desaparece.
Un gato no es una “mascota” en el sentido común de la palabra. Es parte de tu día.
Ella siempre está en el lugar por donde pasas. Sabe cuándo llegas a casa. Siente cuando lo estás pasando mal y por eso despedirse duele tanto. Esta semana nos detenemos juntos a reflexionar sobre ello.

